A las prendas interiores de hoy en día destinadas a un uso exigente en deportes de montaña les pedimos que retengan el calor corporal, que transpiren y sequen rápido, que no huelan mal, que protejan contra las radiaciones solares, que ajusten sin apretar, que sean suaves, que duren mucho... ¿Existe esta quimera de una segunda piel? Veamos aquí las prestaciones de estas primeras capas técnicas y las claves para saber elegir en función de tus necesidades.

Las primeras capas (o baselayer utilizando el término inglés) son, como su propio nombre indica, las que ocupan la primera posición en el sistema de vestimenta por capas, es decir, aquellas prendas que utilizamos en contacto directo con la piel y cuyas funciones principales son retener el calor corporal y a la vez mantenerte seco, evacuando rápidamente el sudor. Adicionalmente pueden cumplir otros cometidos, como evitar la proliferación de bacterias y con ello el mal olor o proteger contra los rayos UV, así como ofrecer una mayor o menor elasticidad, suavidad o resistencia.
Además del material con el que están confeccionados, que condicionará sus cualidades, los distintos modelos también difieren en los patronajes, el diseño, la incorporación de detalles técnicos, cremalleras, elementos reflectantes...
Cada temporada las marcas lanzan al mercado nuevas colecciones y tecnologías de difícil pronunciación con las que pretenden convencernos de que es posible mantener la camiseta seca cargando con una mochila cuesta arriba, no enfriarte en el descanso y que no huela mal por la noche. Aunque cualquiera sabe que los milagros no existen (al menos no todavía en este campo), lo cierto es que las prendas actuales son muy eficaces en la gestión de la humedad y en mantener la temperatura corporal constante. Repasemos las distintas herramientas que tienen los fabricantes para lograrlo, analizando con ello qué tipo de primera capa te vendrá mejor para la actividad que vayas a realizar en montaña.
La composición del tejido con el que esté confeccionada la prenda es clave para determinar sus propiedades. En una clasificación muy general, podríamos dividir la materia prima en dos grandes grupos: por un lado las fibras sintéticas (como poliéster, polipropileno o elastano/lycra) y por otro lado las fibras naturales (como algodón o lana), cada una con sus ventajas y desventajas aunque, como veremos a continuación, la tendencia actual en boga es la mezcla de ambas fibras.
Con origen en el plástico que viene del petróleo, la fibra sintética que más se utiliza para la confección de los tejidos es el poliéster. En las etiquetas de las prendas podemos ver también otros componentes sintéticos, sobre todo polímeros como el nailon o el kevlar. Para darle elasticidad a estos hilos plásticos se utiliza el elastano o spandex, fibra inventada por un químico que trabajaba en la empresa norteamericana DuPont y que lo patentó en 1959 con el nombre comercial de Lycra. Una de las primeras marcas que utilizó la fibra sintética en la confección de camisetas térmicas para alpinismo fue la noruega Helly Hansen con su tecnología Lifa, que demostró una sorprendente rapidez en la evacuación del sudor.
Entre las principales ventajas de las prendas confeccionadas con fibras sintéticas están que pesan poco y que no absorben la humedad que genera nuestro cuerpo al hacer ejercicio. Por tanto, es eficaz como termorregulador pues, al no empaparse y secarse rápido, no dan lugar a que nos enfriemos cuando dejamos de hacer actividad. Además no exigen un mantenimiento complicado y resultan duraderas, siendo elevada su resistencia mecánica, es decir, que no se rasgan o rompen fácilmente. En el lado opuesto de la balanza está su relativamente bajo poder de aislamiento y que no son antibacteriananas, con lo que requieren un tratamiento adicional para evitar el mal olor. Otro punto desfavorable es lo inflamables que son, lo que puede suponer un riesgo adicional en algunas circunstancias (no serías el primero al que se le prende la camiseta por dejarla demasiado cerca de la chimenea del refugio para que se seque).
Las fibras naturales más utilizadas en las prendas son el algodón y la lana. La celulosa del algodón tiende a absorber con facilidad la humedad y tarda en secarse, con lo que los fabricantes suelen descartarlo para sus prendas técnicas. Con todo, el tacto agradable que aporta el algodón, así como su alta resistencia a la abrasión, son cualidades muy apreciadas en camisetas o pantalones que cumplirán perfectamente su función para actividades en las que no haya una sudoración excesiva, como puede ser la escalada en roca estival. El algodón además es hipoalergénico, con lo que es el tejido más recomendable para las pieles delicadas.
En cuanto a la lana, aunque ha estado vinculada desde el principio al montañismo (aquellos inolvidables jerseys de lana con grecas del elegante Rebuffat...) vivió una época de olvido e incluso desprecio con la llegada de los tejidos sintéticos en los ochenta. Sin embargo, lejos de desaparecer del mercado, desde hace una década ha vuelto a resurgir con fuerza reivindicando sus ventajas y son ya mayoría los fabricantes que la incorporan en sus prendas técnicas, ya sea sola o combinada con otros componentes. La lana que se emplea en el textil es la que proporciona la oveja merino, una raza de oveja muy extendida cuyo origen se sitúa en la meseta castellana en la Edad Media. Hoy en día los principales productores de lana merino para la industria textil del mundo son Australia y Nueva Zelanda, donde han desarrollado una especialidad que destaca por su gran calidad.
La fibra de la lana tiene una estructura muy fina y con mucho rizo, lo que crea una especie de pequeñas cámaras de aire que definen su principal cualidad: el elevado aislamiento térmico. Si la lana es de buena calidad resulta además muy suave al tacto, sin que presente ese característico picor que se suele atribuir a las prendas de lana gruesa. Entre sus ventajas están también que es antibacteriana (repelen las bacterias gracias a la sustancia natural que incorporan, la lanolina), con lo que no genera malos olores, protege también frente a los rayos UV (gracias a su queratina natural) y no es inflamable. Entre sus puntos débiles están que absorbe más la humedad (aunque no pierden con ello su capacidad de retención del calor), su velocidad de secado es más lenta que la de las prendas sintéticas y son más pesadas. Marcas como la neozelandesa Icebreaker o la norteamericana Smartwool tienen colecciones íntegramente fabricadas con lana merino.
Exiten otras fibras naturales que también se emplean en la fabricación de tejidos, como puede ser el lino, el bambú o el coco, que igualmente son ligeras, antibacterianas, repelen el sudor y bloquean los rayos UV, si bien su limitada capacidad térmica las destina a las prendas para uso estival, o bien combinadas con otras fibras.
Aunque los fabricantes se empeñen cada temporada en vendernos la mezcla de fibra sintética y lana como algo novedoso, lo cierto es que esta combinación se lleva utilizando en las prendas técnicas hace décadas (ahí tenemos, por ejemplo, la tecnología ProWool de Helly Hansen de 1990, entre otras). Su evidente finalidad es aunar lo mejor de ambos mundos en un solo producto. Para conseguirlo cada uno realiza la mezcla con diferentes proporciones, estructura o confección, con lo que las prestaciones también varían. Estas son algunas de las propuestas de tecnología híbrida que podemos encontrar hoy en día en las prendas técnicas para montaña:
Ya hemos visto que según el tipo de material empleado en la confección destacan unas u otras propiedades de la prenda, pero el rendimiento final dependerá también del grosor o gramaje del tejido (peso en gramos por cada metro cuadrado de tela). En una clasificación muy general, podemos agrupar los gramajes que encontramos en las primeras capas en tres tipos:
Cuando hacemos actividad, el organismo segrega sudor para bajar la temperatura muscular pero, al pararnos, los músculos dejan de generar calor y el sudor queda atrapado en la ropa, provocando que nos enfriemos. Detener este enfriamiento es el principal reto al que se enfrentan las primeras capas. Estos son algunos de los métodos que utilizan los fabricantes para lograrlo:
Entre otras soluciones propuestas por las marcas está el tejido Delta presentado por Polartec el invierno pasado; se basa en una confección con una estructura “elevada” o en relieve con un punto especial por encima del tejido base, que aumenta el flujo del aire y reduce la fricción. Emplean además una mezcla de hilos hidrófilos e hidrófobos para una mejor gestión de la humedad y, según aseguran los fabricantes, trabaja de forma sincronizada con la reacción natural del cuerpo produciendo un efecto refrigerante.
Suele ser el punto débil de las camisetas térmicas, especialmente de las confeccionadas con fibra sintética, que no tardarán en oler mal tras un día de actividad a pesar de las promesas de los fabricantes. Las tecnologías más utilizadas –entre las que se incluye el conocido tratamiento Polygiene– son las que se basan en la introducción en el tejido de plata o de cobre, que tienen la capacidad de inhibir la proliferación de microorganismos. Menos frecuentes pero también empleados en prendas térmicas son los componentes que se basan en las proteínas de molusco, fibra de bambú o celulosa, que cumplen el mismo cometido de impedir la proliferación de los microorganismos que provocan el mal olor. Poco conocido pero interesante es el tratamiento Lava, basado en minerales procedentes de ceniza volcánica que absorbe los olores y los retiene, liberándolos durante el ciclo de lavado de la prenda. De reciente incorporación a las prendas es el tejido S.Café que, como su nombre sugiere, procede de los posos de café; entre sus propiedades, además del control de los malos olores, está la protección frente a los rayos UV.
Además de retener el calor, evacuar el sudor y mantenerte seco, hay prendas que ofrecen prestaciones adicionales, como repeler a los insectos o proteger de los rayos ultravioleta, una propiedad como hemos visto muchas veces inherente a la propia fibra natural. También están en boga, sobre todo para primeras capas enfocadas al trail running, el empleo de confección compresiva que busca optimizar el riego sanguíneo y potenciar el rendimiento muscular. El desarrollo de los llamados textiles inteligentes sigue avanzando a grandes pasos; tejidos que incluyen sensores que detectan heridas, o que suministran sustancias minerales durante el esfuerzo o que cambian de color con la temperatura... han dejado ya de ser ciencia ficción, aunque su elevado coste de fabricación no les ha permitido aún hacerse un hueco en el mercado, pero tiempo al tiempo...
Los fabricantes aún no han dado con algo tan impermeable, elástico, transpirable, termorregulador y autorregenerador como nuestra propia piel. Con todo, los sucedáneos ofrecen soluciones nada desdeñables. A la hora de elegir tu prenda interior, valora el ajuste que deseas; lo ideal es que se ciña al cuerpo pero sin apretar ni restringir la libertad de movimientos. Si quieres acertar, analiza primero el uso que le vas a dar y la temperatura más habitual en la que vas a utilizar la prenda y recuerda que una primera capa de mala calidad obstaculizará el buen funcionamiento del resto de componentes del sistema de vestimenta.
La corriente de la sostenibilidad va ganando peso en la industria textil. Una de las tendencias en auge es la incorporación de tejidos elaborados con materia prima reciclada, principalmente poliéster procedente de botellas de plástico usadas. Por citar un ejemplo, Polartec celebró el año pasado la conversión de mil millones de botellas de plástico en hilo de poliéster reciclado (Repreve 100). Otros fabricantes usan igualmente poliéster reciclado de diferentes productores, que aparecerá indicado en la etiqueta de composición de la prenda.
Entre otros organismos que trabajan por un comercio sostenible está el Global Organic Textile Standard (GOTS), que revisa el procesamiento de textiles hechos con fibra orgánica, sustentado por certificaciones independientes. Los proveedores de algodón orgánico emplean distintos sistemas de autentificación para garantizar que el producto ha sido cultivado en tierras libres de sustancias tóxicas como pesticidas e insecticidas. También la certificación internacional e independiente Öko-Tex Standard 100 garantiza que los tejidos utilizados están libres de químicos nocivos para la salud.
Más conocida es la certificación ecológica e independiente Bluesign. Su etiqueta implica que ha superado las estrictos controles exigidos por la compañía en toda la cadena de producción, ofreciendo la versión más sostenible de esa prenda. También valorable es el origen cercano del producto, que implica que no ha habido contaminación en el transporte y sí una repercusión positiva en el entorno social y laboral local.